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Es común escuchar que los polos opuestos se atraen. Obviamente esta idea viene de las cualidades magnéticas que tiene los imanes. El asunto es que las relaciones entre los seres humanos no son tan simples, y por supuesto, no funcionan como un imán. “Polos opuestos se atraen” es otro de los mitos del amor romántico que muchos repetimos de automático y que no facilita la comprensión de las relaciones. Cuando elegimos pareja lo hacemos más por afinidad psicológica incluyendo los conflictos de cada uno. Existe abundante evidencia a favor de que la similaridad genera atracción.  Los antiguos griegos consideraban el enamoramiento como la exageración de las similitudes. Nos enamorarnos con quien compartimos las rasgos que más nos gustan de nosotros mismos.  Es probable que sin esa dosis de narcisismo el enamoramiento no fuera posible. Esto no quiere decir que debemos buscar un clon o un alma gemela (que también es otro mito).  En las relaciones, los opuestos NO se atraen, sino que a menudo se repelen, es por eso que las parejas parecidas son las más funcionales. La persona que elegimos para vivir juntos la vida, es aquella con la que compartimos los valores más importantes, incluyendo aquellos que nos faciliten construir un mundo pacifico, respetándonos mutuamente y respetando a los demás.